Compartir

Tres expertos plantean por qué el trabajo de construir la experiencia de usuario (UX) y la interfaz de usuario (UI) van de la mano pero no son lo mismo.

Cada vez que una persona ingresa a una tienda física a comprar un producto, todo lo que ve, escucha y hasta huele, es parte de la experiencia que le formará una imagen de esa marca. La atención de los asesores, la presentación del producto, todo suma para que ese cliente se vaya satisfecho.

Pero esta combinación de factores positivos no es gratuita. En la mayoría de los casos es una experiencia construida a partir de información sobre ese usuario, qué busca, qué le gusta, y plasmada en forma tangible para que pueda ser percibida por los cinco sentidos humanos.

En el mundo digital tenemos exactamente la misma necesidad, solamente que expresada a través de las plataformas y herramientas tecnológicas que permiten virtualizar el proceso de consumo. Así, ese mismo cliente debe recibir los estímulos necesarios para que al ingresar a una tienda virtual, encuentre el producto que necesita y salga satisfecho, idealmente habiendo hecho una compra.

Todo lo que hemos descrito, engloba el rol profesional de los diseñadores de experiencia de usuario (UX) y de interfaz de usuario (UI). Pero, ¿dónde empieza y termina la labor de cada uno? Tres de nuestros profesores, expertos en estas áreas, aclaran que ambos perfiles van de la mano, pero no son lo mismo ni ejecutan las mismas tareas.

Ana Beatriz Bravo, explica que “el UX viene a ser el por qué de un producto y el UI el cómo. UX va a estar más enfocado en la parte investigación y análisis del usuario y el contenido que le presentamos. Es la estructura del proyecto, de qué forma el usuario puede completar una tarea más rápido y fácil, cuál va a ser su paso a paso en la plataforma que diseñamos”.

Así, el UX es el punto de partida indispensable que nos trae como prioridad conocer profundamente a esa persona que queremos relacionar con nuestra marca, a quien le queremos vender. Por eso, esta etapa de diseño debe enfocarse en alinear las necesidades del usuario con los objetivos del negocio, para marcar un camino eficiente.

La forma en que se haga tangible esta propuesta será un siguiente paso, igualmente importante, para que esa experiencia que se diseñó realmente llene las expectativas del usuario y despierte sus sentidos. Aquí entra el experto en UI, quien en palabras de Xavier Cabrera, “se encarga de materializar esas ideas con colores, tipografías, textos, botones, y hasta la posición en la pantalla de elementos según la comodidad del usuario para utilizarlos”.

Bravo agrega que “es fácil imaginar ejemplos visuales o táctiles, pero también tenemos dispositivos de comando de voz (como Alexa o Siri), en el que el UX plantearía el objetivo del aparato, cuál necesidad va a suplir, luego definiría el usuario y las posibles tareas que realizaría y de qué manera el usuario interactuaría eficientemente con el dispositivo”.

UX/UI

“El UI define el diseño como tal del aparato, qué colores, qué forma, además del idioma, el tono de voz, el género y el acento de la voz . Todo esto se define en ese perfil del usuario que se investigó en el UX, alineado con los objetivos que persigue la empresa y la imagen que quiere construir”, explica.

Ya con la claridad de qué se hace en cada área, es importante recalcar que UX y UI son especializaciones aparte. Es decir, cada certificación tiene un plan de estudios diferente y por ende son profesionales con un conocimiento técnico específico que desempeñan cada uno su puesto.

Gloriana Omodeo apunta que vivimos una época de cambio, sobre todo en nuestro país, donde estas especializaciones están empezando a crecer y a ser cada vez más cotizadas.

“Las empresas que generan más ganancias hoy día son las de tecnología (Apple, Google, Amazon, etc.), también startups que iniciaron pequeñas pero despegaron en poco tiempo. Estas últimas se deben mucho al UX, a esas necesidades que investigaron y lograron subsanar con tecnología”.

“En nuestro país hasta ahora hemos visto que muchas empresas buscan que un mismo profesional cumpla ambas labores, pero esto ya está cambiando, pues la pandemia adelantó la digitalización para muchos que aún no estaban listos. Ante esto, aumenta la cantidad y el tamaño de los proyectos y se hace evidente la necesidad de especialización en quienes los lideran”.

Las nuevas generaciones, personas entre 20 y 50 años, son consumidores (cliente final, usuario) muy exigentes. Fácilmente notarán la calidad de los productos digitales, e inclusive pueden dejar un servicio porque no cumpla con su expectativa de experiencia digital.

Esto sube la barra para las empresas, tanto las que quieren vender en línea como las que buscan construir una imagen positiva de su marca, o ambas cosas a la vez. Es necesario mantenerse al ritmo de la evolución digital, sin olvidar el balance entre presupuesto, tiempo y recurso humano disponible, que garantice eficiencia y optimización de la inversión.

IR HACIA ARRIBA